Finca San Luis

Finca San Luis

Vereda Bajo Español, Chinchiná (Caldas)

Los orígenes de Avemaría Café

La historia de Avemaría Café se remonta a finales del siglo XIX, cuando arrieros antioqueños decidieron abrirse camino entre las montañas del entonces joven departamento de Caldas, en busca de nuevas oportunidades y de una vida ligada a la tierra.

Entre ellos estaban Don Pedro Uribe y Doña Balbina Taborda, provenientes de Salgar y Jericó, Antioquia. En el año 1890 emprendieron su viaje hacia estas tierras y se establecieron entre Chinchiná (Caldas) y Marsella (Risaralda). De su familia de once hijos nació María Bertha, la mayor de las dos únicas mujeres.

Por la misma época, también llegaron a la región Don Crispín Alzate y Doña Eusebia Castaño, provenientes de Sonsón, Antioquia. Se establecieron en El Chuscal, una montaña que vigila permanentemente el municipio de Chinchiná. De sus nueve hijos nació Luis María.

El destino de estas dos familias se cruzaría años después. Luis María y María Bertha se conocieron cuando ella, tras formarse como profesora en Manizales, comenzó a trabajar en la única escuela que existía en El Chuscal. Allí nació una historia que uniría no solo a dos personas, sino también el futuro de una tradición cafetera.

Tras casarse, Luis y Bertha se trasladaron a la vereda Bajo Español, en Chinchiná, donde comenzaron a trabajar en la finca de los padres de Bertha. Luis, con espíritu emprendedor y una gran capacidad para los negocios, decidió apostar por su propio camino.

En 1926, con la palabra como única garantía, logró negociar con Don Juan Cancio Gil que le fiara la Finca San Luis, comprometiéndose a pagarla en seis cosechas de café. Años después, el 2 de junio de 1932, ese sueño quedó formalizado con la firma de la escritura.

Desde entonces, la Finca San Luis se convirtió en el corazón de nuestra historia cafetera.

Es allí donde hoy cultivamos Avemaría Café.

Han pasado más de nueve décadas, y generación tras generación ha mantenido viva la caficultura como un verdadero estilo de vida. Cada cosecha representa el legado, el trabajo y el conocimiento transmitido dentro de la familia.

Hoy, la cuarta generación, desde 2016, asumió la responsabilidad de continuar esta tradición, apostándole no solo al cultivo del café, sino también a la producción de cafés de alta calidad con características únicas, llevando el origen de la finca a nuevas experiencias y a cada taza.